Barcelona se está acercando a mí o yo a ella

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Barcelona se está acercando a mí o yo a ella

Lo sé, de nuevo unas escaleras de París. Es que ¡son preciosas! Las baldosas de abajo me recuerdan a Barcelona.

Y es que Barcelona se está acercando a mí o yo a ella. Después de 5 años de vivir en París vuelvo a Barcelona. Hace tiempo que lo sé y estoy triste, nostálgica, con miedo…  hasta ahora no estaba lista para escribir sobre esto y es que mi cabeza no puede parar  de pensar en todo lo que echaré  en falta.

Y es que echaré en falta, sobretodo, sentarme bajo las estufas en invierno con mi café crème y mirar la gente pasar, la estética delicada por todas partes, mi casa, las calles con historia, la nostalgia, los sueños, la iluminación cálida, mis amigas y nuestra complicidad, el metro con su vida e historia intensa, la sonrisa de la gente, porque sí a mi me sonríen mucho, los encuentros con lo amigos y reír a carcajadas con ellos, el queso, mi calle y sus tiendecitas, los mercados llenos de vida, los cafés y su bullicio, las noches de París, los edificios haussmanniens, la armonía, el Seine,  el aprender, la lengua francesa y el reto continuo para que te entiendan, mis mercados de antigüedades y los monsieurs de las tiendecitas que me cuentan historias, el atelier con su vida intensa, el jefe del atelier y todo lo que me ha enseñado, mis compañeros que no dejan de ayudarme, observar por la ventana, los croissant y pain au chocolat,  mi habitación con sus molduras y sus detalles, el parquet de madera lleno de vida, de nuevo mis amigas, las ventanas de la sala de estar, la Tour Eiffel que juega a esconderse, Le nord du Marais, los parques, los picnics en primavera, salir a cenar y descubrir sitios con mucho encanto, hacer de turista siendo una parisina más, las escaleras de los edificios, escaleras y más escaleras magníficas, la dificultad por saber si estamos en 2018 o en 1918, detalles y más detalles bonitos, la línea 6 del metro, el puente Bir-Hakeim, los trottinettes, los domingos y Le jardin du Luxembourg con el ritual del juego de la petanca, las sillas de los cafés, a Angelina y todo su calor acogedor, los encuentros con los amigos, los cafés psico-filosóficos con mis amigas, ir a la fundición, ir al engastador y aprender continuamente, la fête des voisins en el patio interior, las hamacas preciosas pero no muy cómodas del Jardin des Tuileries y Luxembourg, las calles con sus tiendas iluminadas, la noria mágica de la Place de la Concorde, la sofisticación como manera de ser y hacer, el cielo y sus nuves pasando a toda velocidad, el frío, el poder llevar gorrito, las manetas de las puertas de mi casa, la luz mágica de París, mis restaurantes preferidos, la sensación en el cuerpo de felicidad, la libertad, el encontrarse, el poder experimentar, nuestro amigo de la esquina que nos ve a distancia y nos sonríe, la artesanía que no desaparece, la intelectualidad, las terrazas en primavera, el sinfín de oferta cultural, la gente que he conocido de París y de más allá…. la lista creo que podría ser interminable. Voy a echar en falta todo esto y mucho más, pero ahora estoy convencida que todo esto, todo lo vivido, que París no se va, sino que forma parte de mi para siempre. Además, Mademoiselle Coline ha nacido aquí, es de aquí. Y es que ni ella ni yo no pensamos dejar de venir!

Comentarios(4)

  • 16 noviembre, 2018, 8:14 pm  Responder

    Qué bonito, dan ganas de visitar París de nuevo. ¡Felicidades por el post!

    • Mademoiselle Coline
      18 noviembre, 2018, 6:40 pm

      Muchas gracias Jasmin!

  • Cris
    17 noviembre, 2018, 12:33 pm  Responder

    Cuánta luz en tus palabras! Qué bonito observar la vida, aprender y transformar!

    • Mademoiselle Coline
      18 noviembre, 2018, 6:39 pm

      Muchas gracias Cris. Es un placer compartir contigo!

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